La fotografía es un modo de intentar representar el mundo, estableciendo una distancia entre la realidad y su representación, mientras que la idea de imagen en la actualidad se define como una parte constitutiva de la sociedad en la que vivimos. El componente virtual de las imágenes, como el del dinero en las bolsas de valores, es un potente constructor de significado social que repercute en el imaginario colectivo y contribuye a definir los márgenes culturales del presente. Seguramente la tecnología digital no se habría difundido a nivel masivo si no estuviera en perfecta sintonía con la evolución global de la sociedad y sus mecanismos. Las nuevas tecnologías y los artefactos que continuamente nos invaden pueden resultar, y a veces resultan, misteriosos e incluso amenazadores. En contraposición, los objetos e instrumentos de las artesanías provocan en nosotros la nostalgia de una vida más perfecta y equilibrada.
Esa dicotomía entre los aspectos, repercusiones y significados de la artesanía y la tecnología encuentra un particular sentido en la obra de Regina de Miguel (Málaga, 1977). Uno de sus últimos trabajos, Reports (2009), es una serie fotográfica en la que la artista recrea situaciones de percepción científica y análisis objetivo relacionado con el actual estatus que mantenemos con la imagen virtual y la repercusión que esto tiene en nuestros grados de formación de conciencia. En las propias imágenes, con escenarios inspirados en películas de ciencia ficción de los años setenta y ochenta del siglo pasado, se mezcla lo virtual con fotografías de estudio y leyendas al pie. Con ellas se elabora un índice de estados de ánimo y situaciones que reflexionan acerca de la dificultad de acercarse al otro, de las continuas situaciones de extrañamiento que abundan en cada rincón de lo cotidiano.
Su trayectoria se inicia, tras su paso por la Facultad de Bellas Artes de Valencia, con trabajos donde se cartografía el alrededor social mediante proyectos en los que se sucede el uso del vídeo, la pintura, el dibujo, la instalación y la fotografía sin necesidad de una jerarquía que los regule. Su línea de trabajo tiene el denominador común de una permanente delicadeza intelectualizada. La relación entre arquitectura y experiencia vital del individuo es, en buena medida, el vértice en el que se cruzan las líneas de fuga que componen y construyen el discurso que impulsa la investigación artística de Regina de Miguel. En su trabajo se aprecia una referencia al nomadismo que ha marcado un amplio período de su vida, desde un estado de continua inestabilidad espacial, con sucesivos cambios de domicilio y un permanente redireccionamiento emocional.
El proyecto El aire aún no respirado (2008) es una instalación compuesta por dibujos, pinturas y varias de sus interesantes maquetas de madera, con animaciones retroproyectadas a modo de espejo, que reproducen espacios arquitectónicos a escala, que sirven como pantalla para visionar las grabaciones realizadas en lugares cuyas referencias han sido encontradas en Internet, tales como un viejo motel en Escocia, una piscina olímpica, una cabina de parque de atracciones y un gimnasio. En las maquetas, convertidas en escenario, se proyectan las colecciones del lugar referido, a la vez que se repercuten los movimientos y cambios lumínicos producidos en el lugar de trabajo de la artista, conforme a las coordenadas geográficas asignadas al programa.
Una de sus más conocidas series es Terrain Vague (2005/06), un término que conforme a la definición de Ignasi de Solá Morales apunta a un lugar expectante, potencialmente aprovechable y que se debate entre su estado vacante e improductivo a la vez que indefinido e ilimitado. El mencionado concepto enlaza con los “futuros abandonados” descritos por Robert Smithson, espacios vacíos contenidos en la ciudad y que conforman un entramado de espacios nómadas. Es destacable, dentro de esta serie, la pieza Mapa del futuro abandonado (2005), donde los caracteres de sociabilidad atribuidos a los espacios públicos han entrado en un proceso de transformación que la artista aborda mediante signos, para analizar los modos de relación humana, cada vez más sujetos a la mediación de la tecnología y por tanto más impersonales. En ese sentido en sus trabajos se aprecia una voluntad constante que los convierte en un continuo mapeo para, desde lo improductivo, definir un itinerario propio como reflejo de ese espacio mental relacionado con la arquitectura que representa un contexto de libertad individual. De ese modo reconstruye su propio índice de experiencias sustituyendo el espacio geográfico por los interiores de su vivienda, poniendo de manifiesto la multiplicidad de relaciones y variables que componen la realidad del individuo, así como su innegable vínculo con el entorno natural y urbano y la estructura emocional que le da soporte.
José Luís Pérez Pont.
(Publicado en EXIT Express nº 50 -marzo 2010)