El arte vive atrapado en la paradoja de no poder dejar de ser representación de un mundo contemporáneo vivo y real que, sin embargo, deviene objeto, memoria o historia. Es evidente la imposibilidad de fundir realidad y arte, aun en los casos en que la vida del autor sea el material apropiado de su obra. La función que finalmente adquiere el resultado artístico deriva del lenguaje empleado, asumiendo en su origen la obviedad de convertirse en registro de un suceso o una acción concretos. Al mismo tiempo, en esta aparente limitación funcional reside su grandeza expresiva, la continuada insistencia de su uso y la variedad de modos resultantes de este afrontamiento del sujeto de análisis. El arte de las últimas décadas ha demostrado interés y querencia hacia lo real a través de prácticas variadas que incluyen el hiperrealismo pictórico, el activismo social, el empleo de técnicas documentales o la derivación de la fotografía a mostrarse a escala 1:1 del referente. Ejemplos dispares todas ellas de tentativas sobre la condición de la realidad y el modo de repensarla.
Regina de Miguel ha hecho acercamientos alrededor de esta pretensión ilusionista del arte, primero desde el dibujo y la pintura y más tarde reconduciendo su práctica hacia las tres dimensiones y las proyecciones de vídeo. Todo está más relacionado de lo que pudiera parecer en un primer momento, y afecta tanto al tema tratado como al modo en que éste se analiza y expone. No en vano, sus intenciones conceptuales siempre han elegido lugares liminares (Borderland), indefinidos (Terrain vague), esenciales (Hacer espacio) o todavía inexistentes (El aire aún no respirado); lo cual es como afirmar que sus intenciones se han movido entre asuntos no tan delimitados como para adquirir una identidad inmutable, ni tan distantes entre sí como para no encontrarles un parecido razonable, y eso en los casos en que no representan una lógica profundización investigadora.
El aire aún no respirado, si bien surge de un concepto desarrollado en el ámbito de la arquitectura utópica, evoca asimismo una pretensión de ansiar el futuro. Obviamente, este es un futuro no conocido pero sí susceptible de ser creado o modificado desde el presente a través de las herramientas y los usos pertenecientes a esa actualidad y que es portador de una connotación utópica per se. En la creación o simulación de un futurible entra en juego la utopía como fin deseable del trayecto y asimismo la distopía como recorrido sinuoso, bifurcado, incluso intransitable y, en ocasiones, como resultado final de los planteamientos teóricos puestos en práctica de modo infructuoso. Entre ambos antagonismos habita el proceso, la susceptibilidad de existencia de cualquier posible o imposible.
Las instalaciones pertenecientes a esta serie muestran siempre una maqueta a escala realizada con madera y una imagen retro-proyectada sobre la pared interior frontal. Las imágenes fijas de las proyecciones revelan espacios abandonados, deshabitados: la sala de un motel, la visión de los raíles de una montaña rusa desde la perspectiva del primer vagón o una piscina olímpica abandonada, entre otras. A esta relación temática se añade el hecho de que todas las imágenes han sido tomadas de la red, constatando el universo visual del que se compone Internet como medio y planteando cuestiones esenciales como la autoría artística, el viaje inmóvil generado a través de mundos virtuales y las nuevas reglas que rigen el imaginario colectivo, incluyendo los cambios trascendentales sobre el concepto de archivo, es decir sobre los modos de almacenamiento y difusión de la información y el conocimiento. La construcción manual de las maquetas, su constatación escultórica, contrasta y se equilibra con la virtualidad de la proyección, generadora de una realidad similar a la de las maquetas a escala: verosímiles como transposición de la realidad pero disfuncionales en cuanto que objetos reales.
Se completa la participación de Regina de Miguel con la serie de fotografías en blanco y negro Flash Back, donde una misma imagen es copiada consecutivamente un número determinado de veces hasta hacerla desaparecer. La evocadora fotografía de un parque de atracciones acaba convirtiéndose en un velo gris apenas perceptible, constatando la imposibilidad del recuerdo fiel de una experiencia. En esta ralentización y fragmentación de la pérdida, la memoria y su ausencia se erigen elementos básicos para la construcción de la identidad personal y la historia colectiva.
Álvaro de los Ángeles